Skip to main content
Social Sci LibreTexts

5.2: La salud mental en la infancia y la niñez

  • Page ID
    193187
  • \( \newcommand{\vecs}[1]{\overset { \scriptstyle \rightharpoonup} {\mathbf{#1}} } \) \( \newcommand{\vecd}[1]{\overset{-\!-\!\rightharpoonup}{\vphantom{a}\smash {#1}}} \)\(\newcommand{\id}{\mathrm{id}}\) \( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\) \( \newcommand{\kernel}{\mathrm{null}\,}\) \( \newcommand{\range}{\mathrm{range}\,}\) \( \newcommand{\RealPart}{\mathrm{Re}}\) \( \newcommand{\ImaginaryPart}{\mathrm{Im}}\) \( \newcommand{\Argument}{\mathrm{Arg}}\) \( \newcommand{\norm}[1]{\| #1 \|}\) \( \newcommand{\inner}[2]{\langle #1, #2 \rangle}\) \( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\) \(\newcommand{\id}{\mathrm{id}}\) \( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\) \( \newcommand{\kernel}{\mathrm{null}\,}\) \( \newcommand{\range}{\mathrm{range}\,}\) \( \newcommand{\RealPart}{\mathrm{Re}}\) \( \newcommand{\ImaginaryPart}{\mathrm{Im}}\) \( \newcommand{\Argument}{\mathrm{Arg}}\) \( \newcommand{\norm}[1]{\| #1 \|}\) \( \newcommand{\inner}[2]{\langle #1, #2 \rangle}\) \( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\)\(\newcommand{\AA}{\unicode[.8,0]{x212B}}\)

    Salud mental

    Si bien es ampliamente aceptado que estamos en medio de una crisis de salud mental para los jóvenes, lo que a menudo se pasa por alto es que los precursores de los problemas de salud mental pueden comenzar ya en el período perinatal y también en la primera infancia (Robinson et al., 2008). Esto hace que la infancia y la niñez sea una ventana crucial para la intervención, con el objetivo de promover una buena salud mental para bebés y niños pequeños (Robinson et al., 2008). [1]

    Una buena salud mental en la infancia y la niñez significa un desarrollo social y emocional saludable. Incluye la capacidad del niño para experimentar, regular y expresar emociones, para desarrollar relaciones interpersonales cercanas y seguras, y para explorar el entorno y aprender (Clinton, Feller & Williams, 2016). Todas estas capacidades se desarrollan mejor en un entorno de cuidados que incluya las expectativas familiares, comunitarias y culturales para los niños pequeños (Parlakian & Seibel, 2002). [1]

    TtPOz-CKg-r6bpdAm2NbKhAleC_LMmoBou5MJwOWn-FxIQf9qfFiaYdiwp5hHq0jvBY8VSmZmodjpsueQisEq2vp6B67JcvMDuw26WD1wZQwm3bierLmvVIWN2XE_52DVpBGYxaKXjvfR62KVGNP5g
    \Figura \(\PageIndex{1}\): Abrazos felices. ([2])

    Según investigaciones, se ha establecido que los bebés y los niños pequeños pueden sufrir trastornos de salud mental que requieren tratamiento (Warner & Pottick, 2006; Zero to Three, 2012). Las dificultades en la infancia incluyen alteraciones regulatorias como el llanto excesivo, dificultades para dormir o alimentarse, y dificultades de apego (Postert et al., 2012; Zero to Three, 2016). Los problemas de salud mental en la primera infancia incluyen conductas de exteriorización como la agresión y el desafío opositor (Egger & Angold, 2006; Loeber et al., 2009), y problemas de interiorización como la ansiedad y la depresión (Bayer et al., 2011; Costello, Egger & Angold, 2005; Rapee, Schniering & Hudson, 2009). [1]

    Después de varios estudios epidemiológicos, se ha determinado la prevalencia de los trastornos de salud mental en bebés y niños pequeños: del 16 % al 18 % de trastornos de salud mental entre niños de 1 a 5 años y, aproximadamente, la mitad de ellos están gravemente afectados (von Klitzing, Döhnert, Kroll & Grube, 2015). Según uno de estos estudios, casi el 35 % de los niños entre 12 y 18 meses de edad obtenían un puntaje alto en la Escala de Problemas de la Evaluación Social Emocional Breve de Bebés y Niños Pequeños (Problem Scale of the Brief Infant Toddler Social Emotional Assessment, BITSEA) (Horwitz et al., 2013), mientras que, según otro estudio, a los 18 meses de edad, entre el 16 % y el 18 % de los niños cumplían los criterios para uno o más diagnósticos de un trastorno de salud mental o del desarrollo (Skovgaard et al., 2007). Un estudio australiano tuvo resultados similares: halló que, a los 2 años, el 12 % de los niños tenían problemas emocionales, conductuales o sociales clínicamente significativos en el contexto de la alteración de la relación entre el cuidador y el niño (Bayer et al., 2011). Además, según otro estudio australiano, a los cinco años, el 20 % de los niños estudiados tenían problemas de comportamiento clínicamente significativos (Robinson et al., 2008). Es importante reconocer que la mayoría de los estudios epidemiológicos recientes se han realizado en países desarrollados, económicamente estables y pacíficos (Lyons-Ruth et al., 2017). Los datos indican que los índices de dificultades de salud mental pueden ser mucho más elevados en los países en los que existe pobreza extrema, guerras, desplazamiento familiar y traumas (Tomlinson et al., 2014). [1]

    5ne5bxyMM8VVa7bZxP8P1_t6BKeZF7tb4qldhyUyByS5SUWVO4CcOVOWbYv61VSbChDJFJO0x66gMzI_ysSqld9F5bkfsb4UoudKD5SNXzQ92XdWGp8zU2HU76fb8g8m21zVt-NPaoN83I3xduufWw
    \Figura \(\PageIndex{2}\): Niña pequeña experimenta una emoción. ([1])

    Los problemas de salud mental en bebés y niños pequeños predicen en gran medida malos resultados mentales, físicos, cognitivos y sociales durante la infancia, la adolescencia y la adultez (McKelvey et al., 2017). Los problemas de regulación en la infancia se relacionan con posteriores retrasos motores, lingüísticos y cognitivos, problemas de conducta y dificultades continuas en la relación entre el cuidador y el niño (Cook et al., 2019; DeGangi et al., 2000; Hemmi et al., 2011). En un estudio longitudinal, dos tercios de los bebés y niños pequeños (de 12 a 40 meses de edad) con dificultades emocionales y de comportamiento más tempranas seguían teniendo dificultades con psicopatología persistente un año después (Briggs-Gowan et al., 2006). En otro estudio, se descubrió que el temperamento difícil, la desobediencia y la agresión en la infancia y la niñez (niños de uno a tres años) estaban asociados con los trastornos psiquiátricos internalizantes y externalizantes a los cinco años (Keenan et al., 1998). [1]

    fkYp4kSsG_xBjL9pnKtkVDmwGl4q_9Zo0PqBrqVcn0QfrAy8rMOuD7D963ZnXR0XMy6bY91EzztiSanzsNLaehMpXPkjP_oK6P6I0h8k_pXE5FOGdKGtag0AzSJuesurlYaQfUNlT9LLO5CsDrFqzA
    \Figura \(\PageIndex{3}\): Niño pequeño experimenta una emoción negativa. ([4])

    Si no se tratan, las dificultades de salud mental que comienzan en los primeros años de vida pueden agravarse con el tiempo (Briggs-Gowan et al., 2006; Clinton et al., 2016; Lavigne et al., 1998; Shaw, Gilliom Ingoldsby & Nagin, 2003; Slemming et al, 2010; Suveg, Southam-Gerow, Goodman & Kendall, 2007), y pueden persistir hasta la adolescencia y la edad adulta (Bayer et al., 2011; Bor, McGee & Fagan, 2004; National Scientific Council on the Developing Child, 2008). Los niños con problemas de salud mental corren un mayor riesgo de tener dificultades luego, en la escuela, con sus compañeros; dificultades en su trabajo; problemas con las drogas y el alcohol; ruptura de relaciones; violencia familiar; actividad criminal; delincuencia juvenil y suicidio (Bayer et al., 2008; National Scientific Council on the Developing Child, 2008). [1]

    Factores de riesgo de los problemas de salud mental de los bebés y niños pequeños

    Existe un consenso internacional de que los primeros 1,000 días de vida, (el período de desarrollo desde la concepción hasta los dos años) representan un período crucial de rápido crecimiento físico, psicológico y neurológico (Darling, Bamidis, Burberry & Rudolf, 2020; Moore et al., 2017). Durante este período, hay mayor probabilidad de que las experiencias perjudiciales, como los traumas o las privaciones tempranas, sean especialmente dañinas y tengan un gran impacto en el desarrollo futuro, con efectos adversos que pueden convertirse en consecuencias para toda la vida (Lyons-Ruth et al., 2017; Moore et al., 2017; Shonkoff et al., 2012). [1]

    Los investigadores han identificado varios factores de riesgo de la mala salud mental en los bebés, teniendo en cuenta la interacción entre la genética, el temperamento y el entorno del niño específico (McLuckie et al., 2019). Los riesgos para el niño incluyen dificultades de salud física, un temperamento difícil y patrones de apego inseguro y desorganizado (Bosquet & Egeland, 2006;

    Edwards et al., 2010; Miner & Clarke-Stewart, 2008; Van Zeijl et al., 2006; Wlodarczyk et al., 2017). Los factores de riesgo asociados a la familia incluyen las interacciones de los padres que son insensibles, carecen de calidez o son controladores, así como las interacciones de los cuidadores que se involucran demasiado o son excesivamente protectores. Otros factores son la disciplina excesivamente severa, las dificultades de salud mental o el estrés de los cuidadores, los problemas de drogadicción de los padres, la violencia familiar, la educación limitada de los padres y el conflicto o la separación/divorcio de los padres (Ashford et al., 2008; Bayer et al., 2011; Bayer, Sanson & Hemphill, 2006; Dwyer et al., 2003; Edwards et al., 2010; McCarty, Zimmerman, Digiuseppe & Christakis, 2005; Miner & Clarke-Stewart, 2008; Pike et al., 2006; Van Zeijl et al., 2006; Wlodarczyk et al., 2017). [1]

    Salud mental de bebés y niños pequeños: factores de protección

    Según la teoría del apego, la relación entre el bebé y sus cuidadores primarios tiene una importante influencia en el desarrollo de la capacidad de regulación emocional y conductual (Ainsworth et al., 1978; Bowlby, 1969). Gracias a una gran cantidad de evidencia, se ha identificado que el cerebro en desarrollo de un bebé está moldeado por la calidad del entorno de cuidado proporcionado por sus cuidadores primarios (Kerns & Brumariu, 2014; Lally & Mangione, 2017). Las relaciones de apego primario seguras, aunque no son una garantía contra futuras dificultades de salud mental, son factores de protección influyentes para la salud mental de los bebés y los niños pequeños. Una relación de apego segura permite que el cerebro en desarrollo del bebé desarrolle sus capacidades para establecer y mantener relaciones, la regulación emocional, la atención y el autocontrol, y establece una base sólida para el posterior desarrollo de la resiliencia, la confianza y la adaptabilidad (Balbernie, 2013; Benoit, 2004). Los investigadores han determinado de forma consistente que los niños con apego seguro experimentan relaciones más fuertes con sus cuidadores, así como una mayor capacidad de resolución de problemas, mejores relaciones con los compañeros y amistades más duraderas (Abraham & Kerns, 2013; Guild et al., 2017; Schneider, Atkinson & Tardif, 2001). Estos niños también pueden tener mejores relaciones con sus hermanos, autoestima más positiva, un mayor sentido de la esperanza, una mayor confianza en las personas y en las relaciones, y un mayor optimismo sobre su futuro en comparación con los niños con estilos de apego inseguro. Por el contrario, los estilos de apego inseguro y desorganizado en la infancia se han asociado con índices elevados de trastornos emocionales, sociales y conductuales en el preescolar y en etapas más avanzadas de la vida (Berlin, 2008; Fearon et al., 2010; Granot & Mayseless, 2001; Madigan, Atkinson, Laurin & Benoit, 2013; Sroufe, 2005; Van Ijzendoorn, Schuengel & Bakermans-Kranenburg, 1999). En un estudio prospectivo de 30 años sobre bebés con estilos de apego inseguro a los 8 meses de edad, se descubrió que el apego inseguro está asociado con un mayor riesgo de problemas de salud mental más adelante en la edad adulta, a los 30 años (Fan et al., 2014). El apego desorganizado en la infancia se asocia con el mayor riesgo de dificultades sociales y cognitivas y psicopatología posteriores, ya que se encontró una relación entre el apego infantil desorganizado y los problemas de conducta en la infancia (Van Ijzendoorn et al., 1999), los problemas de externalización e internalización en los primeros años escolares, la agresión, el trastorno negativista desafiante (Fearon et al., 2010; Green & Goldwyn, 2002) y el trastorno de personalidad (Steele & Siever, 2010). En varios estudios, se descubrió que el apego desorganizado está significativamente correlacionado con la psicopatología en la adolescencia (Carlson et al., 1998), los síntomas del trastorno límite de la personalidad en la edad adulta (Carlson et al., 2009), la disociación (Lyons-Ruth, 2003) y el trastorno de estrés postraumático (TEPT) (Macdonald et al., 2008). [1]

    \mOYu694uWn6-EhmJwzITXtxG9JVUxK6cu3qNNwGFC4e7ZOuAuhlQyMajCZjXmS_LV9oz2hEqZftWXziIrg78vFMFcmGndO-PhkCGTpYHo1Yb-weO_v80wzNRmW6CHJMoXpR8tw4aMSBl4nPuwUsGBA
    Figura \(\PageIndex{4}\): Cuidador sostiene a un bebé. [5]

    Lo ideal es que los cuidadores sean capaces de sintonizar con las señales del bebé, interpretar su significado y responder a ellas de forma contingente, coherente y competente, lo que se ha denominado crianza sensible (Ensink et al., 2016; Petch et al., 2012). Los cuidadores que proporcionan cuidados de esta manera permiten que el bebé desarrolle habilidades socioemocionales tempranas óptimas, relaciones seguras con el cuidador y capacidad cognitiva (The National Health and Medical Research Council, 2017).

    Salud mental de bebés y niños pequeños: prevención e intervención temprana

    Las investigaciones destacan la importancia de las experiencias de la infancia a lo largo de la vida, comenzando en la infancia y la niñez, y enfatizan la importancia de abordar los factores de riesgo temprano en la vida (Felitti et al., 1998; Jones, Nurius, Song & Fleming, 2018). El costo de los trastornos de salud mental para las personas y la sociedad exige una respuesta centrada en la inversión temprana, la promoción de la salud y la intervención precoz en un esfuerzo por influir positivamente en la salud futura (Jenkins et al., 2002). La Organización Mundial de la Salud ha afirmado que la prevención es el único enfoque sostenible para reducir la carga sanitaria asociada a los trastornos mentales (Organización Mundial de la Salud, 2004). Está bien establecido que la detección temprana, la evaluación y la intervención de los problemas de salud mental en la infancia y en la niñez temprana son más exitosas y rentables que el tratamiento cuando los síntomas se agravan (Davis et al.., 2010; Huberty, 2012; The National Health and Medical Research Council, 2017). [1]

    Este cambio de enfoque hacia la prevención de enfermedades mentales significa que debemos considerar la salud mental y el bienestar de los bebés, los niños pequeños y sus padres (Guy, Furber, Leach & Segal, 2016). Si bien el período de la infancia y la niñez son un momento en el que pueden desarrollarse dificultades de salud mental, también se trata de una etapa de desarrollo enormemente influyente con el potencial de modificar o prevenir estas mismas dificultades (Karevold, Røysamb, Ystrom & Mathiesen, 2009; Lewis et al., 2014; Moore et al., 2017). Como muchos trastornos pueden prevenirse mediante programas y servicios de alta calidad y apropiados para el desarrollo, cada vez se reconoce más que no basta con tratar los trastornos de salud mental a medida que surgen (Andrews & Wilkinson, 2002; Waddell et al., 2007). En cambio, las investigaciones sugieren que los esfuerzos deben centrarse en la prevención de las dificultades de salud mental antes de que surjan, en particular durante las primeras etapas de la vida, cuando hay una mayor capacidad para efectuar cambios (Bayer et al., 2010; Maldonado-Duran, Lartigue & Feintuch, 2000; The National Health and Medical Research Council, 2017). [1]

    Para promover la salud mental óptima de los bebés y niños pequeños, los cuidadores pueden:

    • Continuar su aprendizaje y mantenerse informados sobre la epidemiología (incidencia y posibles causas) de la salud mental en niños menores de tres años.
    • Establecer relaciones seguras con los bebés y niños pequeños, centrándose en los niños que muestran signos tempranos de un apego inseguro.
    • Participar en el cuidado sensible comprendiendo las señales únicas de cada niño, interpretando su significado y respondiendo a ellas de manera contingente, coherente y competente.
    • Crear entornos físicos y sociales seguros donde los niños puedan practicar la regulación y la expresión de emociones.
    • Compartir con las familias el conocimiento de las prácticas positivas de cuidado y la concienciación sobre la salud mental de los bebés y niños pequeños.

    Referencias

    [1] Izett et al., (2021). Prevention of mental health difficulties for children aged 0–3 years: A review. Frontiers in Psychology, 2794. CC by 4.0

    Fuente de Figuras

    [2] Imagen de Nina Hill en Unsplash.

    [3] Imagen de Alexander Dummer en Unsplash.

    [4] Imagen de Zachary Kadolph en Unsplash.

    [5] Imagen de Katie Emslie en Unsplash.


    5.2: La salud mental en la infancia y la niñez is shared under a not declared license and was authored, remixed, and/or curated by LibreTexts.

    • Was this article helpful?