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7.6: Diferencias de procesamiento sensorial

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    Comprender las diferencias de procesamiento sensorial

    El procesamiento y la integración sensoriales son funciones complejas del neurodesarrollo que permiten a los niños regular, percibir, discriminar y utilizar la información sensorial que reciben del entorno y de su cuerpo para responder, aprender y adaptarse a la vida diaria de forma eficaz. El trastorno del procesamiento sensorial (Sensory Processing Disorder, SPD) ha sido descrito como un trastorno del neurodesarrollo distinto en la literatura (Schoen et al., 2009; Jorquera-Cabrera et al., 2017; Crasta et al., 2020). Actualmente se ha reconocido en la versión más reciente de la clasificación diagnóstica de los trastornos mentales y del desarrollo de la infancia y la niñez temprana-revisada (DC, [diagnostic classification]: 0-5, de cero a tres). Las capacidades de procesamiento sensorial se desarrollan de forma natural y desempeñan un papel esencial en el aprendizaje del niño, la regulación del comportamiento y las emociones, el desarrollo motor y la realización de tareas. El trastorno del procesamiento sensorial se ha definido como la incapacidad del cerebro de organizar la información sensorial para utilizarla adecuadamente. Como se indica en la DC: 0-5, de cero a tres, el SPD se diagnostica en función de las dificultades para detectar, modular, interpretar u organizar los estímulos sensoriales hasta el punto de que estos déficits perjudican el funcionamiento y la participación diarios. Sin embargo, la cuestión de si los déficits en el procesamiento sensorial representan los síntomas de otro trastorno, como el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno del desarrollo de la coordinación (developmental coordination disorder, DCD) o si el SPD es un trastorno diferente subsisten (Borkowska & Sklodowska, 2017).[1]

    La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP), 2012 recomendó que generalmente no se debe diagnosticar el SPD y citan que no hay un marco universalmente aceptado para su diagnóstico. Aunque se reconocía que era importante identificar y tratar los problemas de procesamiento sensorial, la AAP afirmaba que no había evidencia que demostrara de forma sólida que los niños que presentaban problemas sensoriales tuvieran un “trastorno” real de las vías sensoriales del cerebro. Concluyeron que los déficits de procesamiento sensorial estaban probablemente asociados a otros trastornos del desarrollo y del comportamiento. Sin embargo, este punto de vista no tiene en cuenta a los niños que presentan déficits de procesamiento sensorial que afectan su vida diaria y que no cumplen los criterios de diagnóstico de ningún otro trastorno.[1]

    Los expertos en la materia distinguen entre tres tipos de tSPD (Trastornos de procesamiento témporo-espacial):[1]

    Las estimaciones de prevalencia del SPD oscilan entre el 5 y el 16 % de los niños de la población general, mientras que se ha estimado que entre el 60 y el 90 % de los niños con trastorno de neurodesarrollo coexistentes, como el trastorno del espectro autista (TEA), tienen problemas sensoriales (Ahn et al., 2004; Ben-Sasson et al., 2009; James et al., 2011; Galiana-Simal et al., 2020; Jussila et al., 2020). Mulligan et al. (2019) informaron que el 20 % de los niños de su muestra tenían un trastorno concurrente, mientras que el 80 % restante no había sido diagnosticado con otro trastorno de neurodesarrollo.[1]

    Lamentablemente, existe un número limitado de herramientas de evaluación diagnóstica para evaluar las capacidades de procesamiento sensorial de los niños, y no se dispone de ninguna herramienta para identificar y medir explícitamente los tipos de SPD tal y como describen Miller et al. (2007).[1]

    Se están acumulando pruebas de investigación sobre cómo se manifiestan los déficits de procesamiento sensorial en varias poblaciones y cómo se puede diferenciar el iSPD entre los niños con otros trastornos de neurodesarrollo. Hasta el 90 % de los niños con TEA tienen dificultades de procesamiento sensorial, y el patrón más común del SPD es el subtipo de modulación SOR (Schoen et al., 2009; Tavassoli et al., 2014; Tomchek et al., 2014; Little et al., 2018). Los niños con TEA eran menos reactivos a los estímulos auditivos, pero más reactivos a los gustativos y olfativos.

    La insuficiencia de respuesta sensorial se ha asociado con los síntomas depresivos y las conductas de interiorización, mientras que las conductas de exteriorización se han relacionado más con la ansiedad sensorial y la reactividad excesiva. Los estudios que demuestran cómo los síntomas de los niños con iSPD difieren de los que se observan en niños con otros trastornos de neurodesarrollo, como el TDAH y el TEA, son especialmente relevantes para apoyar el SPD como entidad diagnóstica propia. Miller et al. (2012) compararon los resultados de la evaluación clínica entre muestras de neurotípicos, niños con TDAH, aquellos con SMD y aquellos con diagnóstico dual. Todos los grupos clínicos tenían significativamente más dificultades sensoriales, emocionales, de atención, de actividad y de impulsividad que los niños típicos.[1]

    Referencias

    [1] Mulligan S., Douglas S. & Armstrong C. (2021) Characteristics of Idiopathic Sensory Processing Disorder in Young Children CC BY


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