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Social Sci LibreTexts

8.6.5: Autorregulación

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    Desarrollo de la autorregulación

    Los bebés tienen la capacidad de expresarse mediante vocalizaciones, expresiones faciales y movimientos del cuerpo. Por ejemplo, al oír un sonido fuerte e inesperado, un bebé puede cerrar los ojos, tensar el cuerpo y llorar para expresar su estado interno. Sin embargo, aunque pueden expresarse, los bebés tienen una capacidad limitada de autorregulación. La autorregulación es la capacidad de controlar el comportamiento y las respuestas de manera adaptativa en una variedad de dimensiones, incluyendo la atención, la emoción, el comportamiento y la cognición (Calkins, 2007; Calkins & Fox, 2002). La autorregulación es un pilar del desarrollo saludable (Robson, Allen & Howard, 2020; Thompson, 2016) y se ha asociado al desarrollo de las habilidades lingüísticas, matemáticas, de lectura y de alfabetización (von Salisch et al., 2015; Bohlman & Downer, 2016; Lin et al., 2016). Considere las estrategias que utiliza personalmente para la autorregulación. Cuando se siente asustado, ansioso, desmotivado o distraído, ¿qué estrategias ha descubierto que le ayudan a regular su estado interno?

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    Figura \(\PageIndex{1}\): Un cuidador que ayuda a un niño a autorregularse[1]

    Durante la infancia, el inicio temprano de la autorregulación puede observarse en las respuestas de los bebés a los aportes de los cuidadores y del entorno (Samdan et al., 2020). El desarrollo continuo de las habilidades motoras, la atención y la emoción influyen posteriormente en el desarrollo de las habilidades de autorregulación (Calkins, 2007), ya que los bebés y los niños pequeños comienzan a reclutar las habilidades recién desarrolladas para la autorregulación. Mientras que un bebé pequeño depende de su cuidador para que lo distraiga de una experiencia desfavorable, un bebé mayor puede controlar los ojos o la cabeza para apartar la vista a propósito y un niño pequeño puede utilizar sus nuevas habilidades motoras para alejarse gateando o caminando.[2]

    Es importante reconocer que los procesos de autorregulación podrían diferir entre culturas (Jaramillo et al., 2017). Las estrategias que un individuo utiliza para modificar sus estados y comportamientos internos están inmersas en un contexto cultural que da prioridad a los valores y los resultados predominantes en el proceso de socialización. De este modo, los cuidadores moldean las habilidades de autorregulación del bebé que están en desarrollo y, al mismo tiempo, comunican normas y expectativas socioemocionales culturalmente apropiadas. Como ejemplo, se comparó en dos estudios (Harwood et al., 1999; Carlson y Harwood, 2003) los objetivos y las prácticas de socialización de cuidadores de niños pequeños euroestadounidenses y puertorriqueños. En consonancia con sus objetivos de socialización, los cuidadores euroestadounidenses preferían las prácticas educativas que daban a los niños oportunidades de aprendizaje. Estructuraron las situaciones de aprendizaje de forma indirecta, ya que utilizaron sugerencias y aprobaciones verbales para guiar a los niños a actuar de una forma determinada, mientras que les daban margen suficiente para elegir por sí mismos qué hacer exactamente. Los cuidadores puertorriqueños, en cambio, solían utilizar más la autoridad para enseñar a los niños las formas de actuar según lo que ellos esperaban. Intervenían físicamente con más frecuencia (por ejemplo, moviendo físicamente a los niños para que hicieran algo), utilizaban señales más explícitas para obtener la atención de los niños y daban órdenes más directas que los cuidadores euroestadounidenses.[3]

    Los cuidadores son fundamentales para el desarrollo y el mantenimiento de las capacidades de autorregulación de los bebés y los niños pequeños. A medida que se desarrollan, los bebés pasan de depender de los cuidadores para que los ayuden a autorregularse a autoregularse de forma más autónoma. Volvamos y proporcionemos más información sobre el escenario del bebé que oye un sonido fuerte e inesperado presentado al principio de este tema. Eli, de 3 meses, es un niño nuevo en la sala de bebés de una guardería. La Sra. Williams, su cuidadora principal, aprendió de su familia qué técnicas funcionan mejor para calmar a Eli cuando está alterado. Un día, un ruido fuerte de la calle despierta de repente a Eli y se pone a llorar. La Sra. Williams lo levanta de su cuna y lo sostiene cerca, balanceándose de un lado a otro hasta que él se relaja y vuelve a dormir. [4] [5]

    Como los bebés tienen habilidades de autorregulación limitadas, el rol de los cuidadores es esencial. Al responder al bebé de una manera que satisfaga sus necesidades, el cuidador apoya las nuevas capacidades de regulación del bebé. Como destaca el ejemplo del escenario, Eli era capaz de expresar su estado interno, pero dependía de su cuidador para que le ayudara a regularlo. Calmar a un

    niño sosteniéndolo y balanceándolo o redireccionando su atención es una práctica habitual para regular la angustia. Las acciones reguladoras del cuidador no solo calman al bebé, sino que también le demuestran estrategias de autorregulación culturalmente apropiadas.

    Referencias y Fuente de Figuras

    [1] Foto de Paul Hanaoka en Unsplash

    [2] Schworer et al., (2021). Early regulatory skills and social communication development in infants with Down Syndrome. Brain Sciences, 11(2), 208. CC by 4.0

    [3] Jaramillo et al., (2017). Children’s self-regulation in cultural contexts: The role of parental socialization theories, goals, and practices. Frontiers in Psychology, 8, 923. CC by 4.0

    [4] “Emotional and Behavioral Self-Regulation” de Head Start ECLKC es de dominio público.

    [5] Finlay-Jones et al., (2021) Caregiver-mediated interventions to support self-regulation among infants and young children (0–5 years): A protocol for a realist review. BMJ Open, 11(6), e046078. CC by 4.0 NC


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