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Social Sci LibreTexts

17.3: Prácticas para estimular el desarrollo socioemocional

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    Estimular el desarrollo socioemocional

    Durante los primeros cuatro meses de vida, los bebés comienzan a relacionarse con el mundo y sus habitantes (Advances in Applied Developmental Psychology, 1995). Su deseo de buscar relaciones y adquirir conocimientos los impulsa a mover el cuerpo, a prestar atención, y a enviar y recibir señales (es decir, la base del desarrollo y el aprendizaje en todos los ámbitos). Su participación activa en el mundo social y físico va de la mano de la atención que reciben de los adultos, en especial cuando les responden.[1]

    Para los cuidadores, observar y responder durante este período de desarrollo tan rápido puede ser un reto. Para estar en sintonía con los bebés pequeños, los adultos deben saber cuándo un bebé está buscando una respuesta social y cuándo está descubriendo mediante la exploración y la observación individual.[1]

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    Figura \(\PageIndex{1}\): Los cuidadores deben dedicar tiempo a observar de cerca a los bebés para estimular su desarrollo socioemocional. [1]

    Los centros de cuidado temprano deben establecer políticas y prácticas que estimulen el cuidado receptivo, para que los bebés aprendan a regular sus emociones y a desarrollar un sentido de previsibilidad, seguridad y receptividad en sus entornos sociales. Esto es tan importante que los expertos en investigación han llegado a la conclusión general de que, en los primeros años, “las relaciones enriquecedoras, estables y constantes son la clave del desarrollo socioemocional para el crecimiento, el desarrollo y el aprendizaje saludables” (National Research Council & Institute of Medicine, 2000, p. 412). Las buenas relaciones aumentan las probabilidades de lograr resultados positivos en los niños pequeños. Los profesionales que trabajan en guarderías pueden estimular el desarrollo socioemocional de los bebés y de los niños pequeños de muchas maneras. Por ejemplo, al interactuar directamente con ellos, al comunicarse con las familias, al organizar el espacio físico en el entorno de la guardería y cuando planifican e implementan un plan de estudios.

    Las emociones impulsan el aprendizaje temprano. Los bebés y los niños pequeños son aprendices activos y curiosos que experimentan placer cuando reciben una respuesta positiva de un adulto o cuando descubren algo. Este placer motiva a los niños a participar en interacciones positivas, a explorar y a aprender. Las respuestas emocionales de los bebés y de los niños pequeños muestran sus intereses y necesidades. Es importante que los cuidadores observen las indicaciones que dan los bebés y los niños pequeños para captar sus intereses de aprendizaje y para satisfacer sus necesidades. Al comprender las señales emocionales, los cuidadores determinan si deben interactuar con el niño o si deben esperar tranquilos para ver qué hará después. Las señales emocionales ayudan a que los maestros sepan si los niños están preparados para una mayor interacción, si quieren más complejidad en el juego, o si están cansados y necesitan un momento de tranquilidad. La capacidad de respuesta a las señales emocionales del niño refuerza la relación entre el maestro y el niño, y crea nuevas posibilidades para el aprendizaje del niño en el ámbito socioemocional y en todos los aspectos del desarrollo.[2]

    Los niños aprenden de sus interacciones con los cuidadores todos los días. Con la relación que tienen con los niños, las personas que los educan proporcionan un entorno en el que los niños pueden aprender y prosperar en compañía de un adulto de confianza. Las rutinas de cuidado brindan experiencias sociales esenciales y ayudan a los bebés y a los niños pequeños porque se dan de forma regular y constante. Al experimentar y al participar en estas rutinas, los niños aprenden lo que significa tener una crianza afectuosa. Al relacionarse con adultos que los contienen, los niños también aprenden a interactuar de manera recíproca y receptiva.

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    Figura \(\PageIndex{2}\): Los cuidados rutinarios, como el cambio de pañales, son una excelente manera de establecer una relación y de estimular el desarrollo socioemocional. [3]

    Los cuidadores deben comprender el importante rol de los adultos, ya que deben formar, y demostrar afecto y capacidad de respuesta a las necesidades de los niños pequeños, y deben enseñarles actitudes y habilidades de interacción.[1]

    • Tener en cuenta lo que es culturalmente adecuado para el niño e incluir gestos no verbales que den un mensaje de bienvenida (como una sonrisa cálida, un saludo con la mano, un toque tranquilizador y el contacto visual).
    • Reconocer y agradecer el comportamiento prosocial.
    • Crear un entorno prosocial: demostrar interacciones prosociales, crear zonas acogedoras para dos, proporcionar oportunidades para que los niños cooperen con otras personas, y crear pequeños grupos para los cuentos y las comidas.
    • Reconocer las señales y las indicaciones de los niños, sus temperamentos únicos, sus gustos y aversiones. (Early Childhood Learning and Knowledge Center, 2018; Interactions matter, 2016).
    • Crear un programa con las rutinas diarias predecibles.
    • Dar el ejemplo en cuanto al comportamiento, las actitudes y las respuestas emocionales saludables en las interacciones con los niños y otros adultos.
    • Establecer expectativas sobre su comportamiento que sean apropiadas desde el punto de vista del desarrollo y de la cultura, en especial en lo que respecta al autocontrol y la autorregulación.
    • Narrarles lo que se les observa hacer y expresar, con un lenguaje que describa sus pensamientos y sentimientos, y que aclare los de los demás.
    • Brindarles comentarios específicos sobre sus esfuerzos, al reforzar las elecciones que estimulan el aprendizaje y mostrarles cómo sus acciones se relacionan con los resultados.
    • Enseñarles y guiar el comportamiento de los niños al utilizar un lenguaje y un tono positivo y respetuoso, a fin de fomentar la resolución de problemas y de dar instrucciones y recordatorios breves.
    • Ayudar a los bebés y a los niños pequeños a entender las señales emocionales (expresiones faciales, lenguaje corporal, tono de voz, etc.). Esto se puede fomentar al permitir que los niños jueguen libremente con sus compañeros (el aprendizaje por medio de la experiencia) o al mostrar sus propios procesos de pensamiento al pensar en voz alta (“Me gustaría saber por qué Hayden está llorando...”) (Paris et.al., 2021).
    • Crear un entorno positivo que permita a los bebés y a los niños pequeños explorar libremente, en el que muchas veces escuchen un “sí” y rara vez oigan un “no”.
    • Proporcionar material relacionado con los sentimientos y las expresiones emocionales, como libros, cuentos y canciones sobre los sentimientos.

    Referencias y Fuente de Figuras

    [1] Imagen de Anonymous con licencia CC: BY-NC.

    [2] California Department of Education, 2019 Infant/Toddler Learning and Development Program Guidelines, segunda edición, California Department of Education. Se usa con permiso.

    [3] La imagen de NappyStock es de dominio público.


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