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Social Sci LibreTexts

22.2: Apego y cuidados primarios

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    El apego

    La teoría del apego fue desarrollada por John Bowlby en el siglo XX para comprender la reacción de un bebé ante la pérdida a corto plazo de su cuidador (Bowlby, 1969). Bowlby propuso que los niños están preprogramados desde el nacimiento para desarrollar apegos y mantener la proximidad a sus figuras de apego principales, que eran típicamente las madres, pero podía ser cualquier persona que asumiera el papel de cuidador del niño. Utilizó el término “apego” en un esfuerzo consciente por alejarse de términos deficitarios como “dependencia” y “sobredependencia”, que históricamente se utilizaban para explicar lo que Bowlby acuñó como “conductas de apego” (Bowlby, 1969). Definidas como “la búsqueda y el mantenimiento de la proximidad a otra persona” (Bowlby, 1969), las conductas de apego permiten a los bebés y a los niños pequeños mantenerse cerca de su figura de apego, ya sea demostrando conductas de señalización, como el llanto y la sonrisa, o conductas de aproximación, como el seguimiento y el aferramiento (Ainsworth & Bell, 1970).[1]

    La investigación sobre las relaciones de apego tiene importantes implicaciones para apoyar la aplicación del cuidado primario.
    El primer año de vida se considera un período crítico para el desarrollo del apego y los bebés y niños pequeños requieren una base segura en los entornos de cuidado infantil, además del entorno del hogar, para desarrollar apegos seguros (Lee, 2016).
    Es fundamental que los cuidadores comprendan la importancia de las relaciones seguras y su impacto en el bienestar futuro de los niños. En lugar de una única figura de apego primaria, los niños necesitan tener acceso a figuras de apego que estén siempre disponibles, que pueden incluir una combinación de su madre, su padre o uno o varios cuidadores remunerados (Brown et al., 2022; van IJzendoorn et al., 1992). Como resultado de una red de figuras de apego, la base segura de los niños se mantiene cuando se separan de una figura de apego específica.[1]

    Décadas de investigación longitudinal han apoyado la noción de que las diferencias individuales en la seguridad del apego de los niños con sus cuidadores primarios son de importancia crítica para el desarrollo social, emocional y cognitivo de los niños. Varios metanálisis sugieren que las variaciones en la seguridad del apego se asocian con diferencias individuales en una serie de resultados infantiles: una mayor seguridad del apego (en comparación con la inseguridad) se asocia con una mejor competencia social (Groh et al., 2014, 2017), comprensión de las emociones (Cooke et al., 2016), la calidad de las relaciones con los compañeros (Pallini et al., 2014), la competencia lingüística (Van IJzendoorn, Dijkstra & Bus, 1995), así como un menor número de problemas de conducta internalizantes (Groh et al., 2012, 2017; Madigan, Atkinson, Laurin & Benoit, 2013) y externalizantes (Fearon et al., 2010; Groh et al., 2017). Además, la seguridad del apego durante los tres primeros años de vida está relacionada con el desarrollo cerebral posterior (Hidalgo et al., 2019; Leblanc et al., 2017; Leblanc, Dégeilh, Beauchamp & Bernier, 2022; Moutsiana et al., 2015).

    Referencias

    [1] Wilson-Ali et al., (2019). Multiple perspectives on attachment theory: Investigating educators’ knowledge and understanding. Australasian Journal of Early Childhood, 44(3), 215-229. CC by NC 4.0


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