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Social Sci LibreTexts

29.4: Observaciones precisas para una documentación precisa

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    La importancia de la precisión

    La observación es como una fotografía: capta un momento en el tiempo. El observador es como el fotógrafo: se centra en algunas cosas e ignora otras. Al igual que el fotógrafo, aporta sus ideas, preferencias y percepciones al acto de observar (Jablon et al., 2007).

    Se necesita práctica para convertirse en un buen observador. Para los cuidadores, un aspecto esencial de ser un observador respetuoso implica saber que lo que notan y cómo interpretan sus observaciones sobre los bebés y niños pequeños puede estar influenciado por muchas cosas. La cultura, el temperamento, la presencia de una demora o discapacidad, las experiencias y relaciones personales, los conocimientos profesionales e incluso los valores de la comunidad y los mensajes de los medios de comunicación afectan la forma en que los cuidadores y las familias ven a los niños e interactúan con ellos. Nuestras reacciones instintivas y las opiniones cuidadosamente consideradas influyen en nuestros comportamientos de observación (Cagliari, 2004).

    Estas lentes por las que los cuidadores observan e interpretan influyen, aunque no siempre sean conscientes de ello. Por ejemplo, dos adultos pueden ver a un bebé que se queja, pero interpretan lo que significa el comportamiento quisquilloso y responden de forma diferente en función de sus propias experiencias, educación y cultura (Cagliari, 2004). Observar a los niños pequeños implica tener conciencia de uno mismo, y esta conciencia evoluciona.

    Cada persona proviene de una cultura, y la cultura de cada familia es única. La cultura, es decir, las actitudes, las creencias, las expectativas sobre las personas y los acontecimientos, configura a los cuidadores como seres humanos y profesionales de la primera infancia. Por ejemplo, algunas culturas consideran respetuoso mirar a alguien a los ojos al hablar, mientras que otras consideran respetuoso mirar hacia abajo cuando alguien está hablando. Un cuidador cuya cultura valora mirar a alguien a los ojos cuando habla puede pensar que un niño o un familiar cuya cultura valora mirar hacia abajo cuando alguien habla lo está ignorando o le está faltando al respeto. Esta interpretación puede influir en las palabras usadas en la observación.

    Los rasgos, como el temperamento (p. ej., ser cauteloso, extrovertido o sensible; exigir orden), los intereses y las preferencias personales, y los sentimientos (p. ej., lo que nos hace sentirnos emocionados, aprensivos, incómodos) también afectan la forma en que los adultos se relacionan con los niños. Estos rasgos pueden ayudarlos a sentirse más cerca de los niños con características similares. Es posible que presten más atención a los niños con características similares y los observen con más frecuencia que a otros niños. Estos rasgos también pueden alejar a los adultos de los niños cuyos atributos son diferentes. Los cuidadores pueden prestarles menos atención o interpretar sus comportamientos de forma más negativa. Por ejemplo, un cuidador que tolera las luces brillantes, el ruido ambiental y el exceso de materiales en las estanterías y paredes puede tener dificultades para darse cuenta de que esas mismas cosas pueden sobrestimular a un bebé que llora con frecuencia.[1]

    Referencias

    [1] Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, ECLKC, Child observation: The heart of individualizing responsive care for infants and toddlers es de dominio público.


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