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Social Sci LibreTexts

5.3: Experiencias adversas en la infancia

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    Experiencias en la infancia

    A lo largo de nuestra vida, desde la infancia hasta la edad adulta, es probable que tengamos experiencias adversas o desfavorables que tienen el potencial de frenar nuestro bienestar o desarrollo. Los tipos específicos de experiencias adversas que ocurren durante la infancia son especialmente preocupantes porque pueden disminuir la probabilidad de que los niños se desarrollen de manera óptima (Bethell, Simpson & Solloway, 2017; Shonkoff, 2010) al amenazar el desarrollo social, emocional y cognitivo positivo de los niños (Belsky, 1984; Bradley y Corwyn, 2002). Las experiencias adversas en la infancia, o ACE (Adverse Childhood Experiences), son eventos potencialmente traumáticos que ocurren en la infancia (de 0 a 17 años), como experimentar violencia, abuso o negligencia; ser testigo de violencia en el hogar; o tener un miembro de la familia que intenta suicidarse o se suicida (Felitti et al, 1998). [1] [2]

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    Figura \(\PageIndex{1}\): Los diez indicadores de ACE. ([1])

    El índice de ACE (Anda et al. 2006; CDC, 2022; Felitti 1993) incluye los diez indicadores enumerados en la Figura \(\PageIndex{1}\). La mitad de los indicadores evalúan el maltrato infantil, como el abuso físico, sexual y emocional y la negligencia física y emocional. Los otros cinco indicadores son características del cuidador o del entorno del hogar. Por ejemplo, vivir con un miembro de la familia que tiene una enfermedad mental, problemas de consumo de drogas, antecedentes de encarcelamiento; vivir en un hogar con violencia doméstica o vivir en un hogar con padres que se han separado o divorciado. Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), el 61 % de los adultos de veinticinco estados de EE. UU. han estado expuestos a una o más ACE y el 16 % han experimentado cuatro o más ACE. Los datos de la Encuesta Nacional de Salud Infantil (National Survey of Children’s Health) sugieren que el 33.3 % de los niños de entre cero y 17 años en EE. UU. han sufrido al menos una adversidad familiar (Administración de Recursos y Servicios de Salud, 2019). [1] [2]

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    En el estudio sobre las ACE, se documentó un conjunto de acontecimientos específicos en la infancia que estaban relacionados con enfermedades crónicas e incluso con la mortalidad temprana en la edad adulta (Anda et al. 2006; Felitti et al. 1998; Oh et al., 2018). En el estudio sobre las ACE, se encontraron relaciones entre los resultados del desarrollo y la cantidad de ACE tempranas. A medida que aumentaba el número de ACE, también aumentaba la probabilidad de resultados menos óptimos. Anda et al. (2006) informaron que las personas con el mayor número de ACE experimentaron casi tres veces el número de resultados comórbidos en comparación con aquellas personas sin exposición a ACE. Desde entonces, con un creciente conjunto de investigaciones, se ha confirmado además que la adversidad en la infancia está asociada con las enfermedades crónicas y la muerte temprana (Brown et al., 2009; Campbell, Walker & Egede, 2016; Gilbert et al., 2015; Kalmakis & Chandler, 2015). [1] [7]

    El Centro para el Bienestar de los Jóvenes (Center for Youth Wellness) analizó los datos de ACE específicos de California (Center for Youth Wellness, 2014). En California, el 61.7 % de los adultos han experimentado al menos una ACE y el 16.7 % han experimentado cuatro o más, muy similar a los promedios nacionales reportados por los CDC. Los tres tipos más comunes de ACE fueron el abuso emocional o el abuso verbal (34.9 %), la separación o el divorcio de los padres (26.7 %) y problemas de drogadicción por parte de un miembro del hogar (26.1 %). La prevalencia de las ACE difiere según el condado. El condado de Butte tuvo la mayor prevalencia de cuatro o más ACE con un 30.3 %, mientras que San Francisco tuvo la menor prevalencia de cuatro o más ACE con solamente un 9 %. Es importante destacar que las ACE se asociaron con los resultados de salud. Las personas con cuatro o más ACE tenían cinco veces más probabilidades de sufrir depresión y eran más propensas a fumar y beber en exceso.

    Las ACE son una preocupación global con altos índices de prevalencia en todo el mundo. Aproximadamente el 61 % de las mujeres que viven en México informaron al menos una ACE y el 14 % informaron cuatro o más (Flores-Torres et al., 2020). En Malawi, el 72 % de los adolescentes (de 10 a 16 años) informaron cuatro o más ACE (Kidman, Piccolo & Kohler, 2020). Alrededor del 63.9 % de los adultos de Singapur han experimentado al menos una ACE (Subramaniam et al., 2020). En Canadá, el 61.6 % informó al menos una ACE y el 35.6 % al menos dos ACE (Joshi et al., 2021).

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    Figura \(\PageIndex{3}\): Cuidadora experimenta emociones negativas mientras sostiene a un bebé. ([8])

    La concientización sobre las ACE y su potencial impacto negativo en la salud y en el bienestar de las personas es cada vez mayor. Por ejemplo, en 2019, en California, se nombró a la primera cirujana general, Nadine Burke Harris. La Dra. Burke Harris es pediatra y sus investigaciones e intereses incluyen las ACE como una de las principales preocupaciones (Harris, 2018). Nadine ayudó a crear la iniciativa ACEs Aware y su correspondiente sitio web, que ofrece información gratuita, formación y herramientas de detección de ACE

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    Figura \(\PageIndex{4}\): Nadine Burke Harris. ([9])

    En la mayoría de las investigaciones sobre las ACE se les pide a los adultos que reflexionen sobre su infancia. Este enfoque es limitado porque muchos adultos no son capaces de recordar la mayoría de los acontecimientos que ocurren antes de los tres años de edad (Hayne, 2004). Como los tres primeros años son fundamentales para establecer una base sólida de salud y desarrollo, es importante conocer la prevalencia de las ACE en la vida de los bebés y niños pequeños.

    La evidencia indica que muchos niños corren el riesgo de padecer ACE durante los tres primeros años. Mientras que la mayoría de los niños menores de tres años no han experimentado ninguna ACE, el 20 % ha experimentado una ACE y el 8 % ha experimentado dos o más ACE (Novoa & Morrissey, 2020). Los niños pequeños tenían el doble de probabilidades de experimentar al menos una ACE (11 %), en comparación con los bebés (5 %). Los bebés y niños pequeños de color experimentan de forma desproporcionada las ACE, especialmente las ACE múltiples. Por ejemplo, en comparación con sólo el 7 % de los niños blancos, el 15 % de los niños negros menores de tres años habían experimentado múltiples ACE. Había diferencias en el nivel de ACE que experimentaban los bebés y niños pequeños en todo EE. UU. Oregón y Oklahoma tenían el porcentaje más alto de niños que solamente habían experimentado una ACE, ambos con un 26 %, en comparación con Maryland, que tenía el porcentaje más bajo: un 15 %. En el caso de los niños que experimentan dos o más ACE, el porcentaje más alto fue en Oklahoma, con un 21 %, mientras que Maryland y Massachusetts tuvieron el porcentaje más bajo: ambos un 3 %. En California, el 23 % de los bebés y niños pequeños habían experimentado una ACE y el 5 % había experimentado dos o más ACE.

    En un estudio, se examinaron las ACE en 2,361 niños pequeños de catorce meses al solicitar a los padres que completaran un cuestionario de ACE (McKelvey, Whiteside-Mansell, Zhang & Selig, 2020). Gracias a la información proporcionada se identificaron tres patrones diferentes. Uno de los patrones era el de los bebés expuestos a incidencias relativamente bajas de ACE (este grupo se denominó “ACE bajas”). También se identificaron dos grupos de mayor exposición a las ACE: un grupo de “ACE por maltrato de los padres”, que experimentó un nivel moderado de ACE generales, principalmente relacionadas con formas de maltrato, y un grupo de

    “ACE por disfunción doméstica”, con las puntuaciones globales más altas de ACE que principalmente experimentaron múltiples formas de disfunción familiar y doméstica. [1]

    En la Figura \(\PageIndex{5}\), se muestra la prevalencia de cada uno de los tres grupos para cada uno de los diez indicadores de ACE. El grupo ACE bajas muestra niveles relativamente bajos de exposición a ACE, con cierta elevación en la negligencia física (27 %) y en la separación de los padres (17 %). Por ejemplo, sólo el 1 % de este grupo presentó maltrato emocional, en comparación con el 37 % y el 14 % de los otros grupos. El grupo de ACE por maltrato de los padres tiene los niveles más altos de exposición a abuso emocional (37 %), abuso físico (23 %) y negligencia física (57 %), en comparación con las tasas del 1 %, 6 % y 27 % respectivamente en el grupo ACE bajas y del 14 %, 15 % y 42 % respectivamente en el grupo de ACE por disfunción del hogar. El grupo de ACE por disfunción del hogar tiene los niveles más altos de exposición a la separación de los padres (36 %), violencia doméstica (53 %), problemas de drogadicción (55 %), enfermedades mentales (48 %) y miembros de la familia encarcelados (68 %). [1]

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    Figura \(\PageIndex{5}\): En la figura, se muestra la proporción de cada uno de los tres grupos que tiene cada una de las diez ACE. El primero de los tres grupos (ACE bajas, N = 1431; M = 0.84; SD = 0.77; 60.6 %) muestra niveles relativamente bajos de exposición a ACE con cierta elevación en la negligencia física (27 %) y la separación de los padres (17 %). Por ejemplo, sólo el 1 % de este grupo presentó maltrato emocional, en comparación con el 37 % y el 14 % de los otros grupos. El segundo grupo de exposición a las ACE (ACE por maltrato de los padres, N = 636; M = 2.91; SD = 1.06; 26.9 %) tiene los niveles más altos de exposición a abuso emocional (37 %), abuso físico (23 %) y negligencia física (57 %), en comparación con los índices del 1 %, 6 % y 27 % respectivamente en el grupo ACE bajas y del 14 %, 15 % y 42 % respectivamente en el grupo ACE por disfunción del hogar. El tercer grupo (ACE por disfunción del hogar, N = 294; M = 3.94; SD = 1.30; 12.5 %) tiene los niveles más altos de exposición a la separación de los padres (36 %), la violencia doméstica (53 %), los problemas de drogadicción (55 %), enfermedades mentales (48 %), y miembros de la familia encarcelados (68 %), en comparación con los índices del 17 %, 4 %, 5 %, 5 % y 18 % respectivamente en el grupo ACE bajas y del 25 %, 7 %, 8 %, 21 % y 42 % respectivamente en el grupo ACE por maltrato de los padres. [10]

    Los grupos eran significativamente diferentes en cuanto al nivel de educación materna. Las madres con menor nivel de educación eran las que tenían más probabilidades de estar en el grupo de ACE por maltrato de los padres y las madres con mayor nivel de educación eran las que tenían más probabilidades de estar en el grupo de ACE por disfunción del hogar. Los grupos también diferían por raza, de tal manera que las madres negras tenían más probabilidades de estar en el grupo de ACE por maltrato de los padres y las madres hispanas tenían más probabilidades de estar en el grupo de ACE bajas en relación con otros grupos. En cuanto a la edad materna, las madres de mayor edad estaban en el grupo de ACE bajas y las madres más jóvenes estaban en el grupo de ACE por maltrato de los padres. [1]

    Si bien los resultados de la prevalencia de las ACE son sólidos, existen posibles debilidades en las herramientas utilizadas para recopilar los datos. Una de las preocupaciones es que cada uno de los riesgos de ACE se pondera por igual. Esto es preocupante porque algunos riesgos son más propensos que otros a predecir resultados negativos. Por ejemplo, las ACE incluyen el abuso sexual y el divorcio/separación de los padres. Ambas situaciones están asociadas a resultados menos óptimos, pero en las investigaciones se sugiere que el abuso sexual es un factor de predicción más sólido de resultados negativos en el desarrollo. Además, la respuesta al estrés ante una ACE puede variar entre las personas: no todos respondemos de la misma manera ante los acontecimientos adversos. Por lo tanto, para comprender realmente el posible impacto negativo que pueden tener las ACE, debemos entender la relación entre la adversidad y el estrés. [1]

    Referencias y Fuente de Figuras

    [1]McKelvey et al., (2020). Adverse childhood experiences in infancy: a latent class approach exploring interrelatedness of risks.

    [2] Centers for Disease Control and Prevention (2019). Preventing adverse childhood experiences: Leveraging the best available evidence. Atlanta, GA: National Center for Injury Prevention and Control, Centers for Disease Control and Prevention. Dominio público.

    [3] Image from the Centers for Disease Control and Prevention (2019). Preventing adverse childhood experiences: Leveraging the best available evidence. Atlanta, GA: National Center for Injury Prevention and Control, Centers for Disease Control and Prevention. Dominio público.

    [4] McKelvey et al., (2020). Adverse childhood experiences in infancy: a latent class approach exploring interrelatedness of risks.

    Adversity and Resilience Science, 1-13. CC by 4.0

    [5] “Preventing Adverse Childhood Experiences” de los CDC, es de dominio público.

    [6] Imagen de Centers for Disease Control and Prevention (2019). Preventing adverse childhood experiences: Leveraging the best available evidence. Atlanta, GA: National Center for Injury Prevention and Control, Centers for Disease Control and Prevention. Dominio público.

    [7] Oh et al., (2018). Systematic review of pediatric health outcomes associated with childhood adversity. BMC Pediatrics, 18(1), 1-19. CC by 4.0

    [8] Imagen de Sharon McCutcheon en Unsplash.

    [9] Imagen de Christopher Michel en Wikipedia con licencia CC by 2.0

    [10] Figura 1 de McKelvey et al., (2020) Adverse childhood experiences in infancy: a latent class approach exploring interrelatedness of risks. Adversity and Resilience Science, 1-13. CC by 4.0


    5.3: Experiencias adversas en la infancia is shared under a not declared license and was authored, remixed, and/or curated by LibreTexts.

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