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12.6: Aprendizaje estadístico

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    Teoría del aprendizaje estadístico de la adquisición del lenguaje

    Los bebés reciben varias secuencias de información del entorno natural, que se producen de forma simultánea. Se encuentran con muchos objetos, algunos en movimiento, otros quietos; oyen sonidos, algunos relacionados con el lenguaje, otros de animales y objetos; ven a personas, algunas que interactúan con ellos y otras en segundo plano. Pese a toda esta información, estas experiencias no son completamente aleatorias, sino que hay patrones predecibles que se producen en conjunto. El ambiente de un bebé incluye regularidades estadísticas que puede utilizar para descubrir la estructura en un entorno ajetreado. Los bebés tienen la capacidad de detectar regularidades y coocurrencias en secuencias de formas visuales y escenas visuales (Fiser & Aslin, 2002; Kirkham et al., 2002, 2007). Por ejemplo, mire la Figura \(\PageIndex{1}\), que muestra tres grupos de objetos y cada grupo tiene tres formas de colores. ¿Puede detectar la regularidad que se da en los tres grupos de objetos? Aunque los tres grupos no son exactamente iguales, el aspecto regular que se da en los tres son las formas conectadas de color amarillo y rosa. En un estudio (Wu et al., 2011), se les mostraron a bebés de nueve meses secuencias de estos mismos grupos de objetos de tres formas en los que siempre coincidían dos piezas y una cambiaba constantemente. Descubrieron que los bebés podían registrar cuáles eran las piezas que coincidían, lo que indica que los niños son capaces de seguir las regularidades estadísticas que experimentan. [1]

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    Figura \(\PageIndex{1}\): Una muestra de los estímulos de una tarea de aprendizaje estadístico infantil. ([2])

    Así como los bebés pueden seguir las regularidades del entorno visual, también pueden registrar las regularidades que se producen de forma natural en el lenguaje. Cuando hablamos, producimos un flujo constante de sonidos del habla. Un objetivo importante para un bebé es darse cuenta de qué conjunto específico de sonidos dentro de un flujo del habla se agrupan para crear palabras. Una de las formas en la que lo hacen es al registrar las regularidades estadísticas de los sonidos del habla que se dan juntos. Para demostrarlo, en un estudio (Antovich & Graf Estes, 2018), niños de 14 meses escucharon un flujo del habla compuesto por cuatro palabras inventadas: timay, dobu, kuga y pimo. Mientras escuchaban, cada una de las cuatro palabras se repitieron 120 veces, pero el orden estaba mezclado. A pesar de que la presentación de las palabras en el flujo del habla consistente era aleatoria, había regularidades de sonidos que siempre coincidían. Por ejemplo, “ti” siempre iba seguido de “may” (las dos sílabas de la palabra “timay”), y “pi” siempre seguía con “mo” (las dos sílabas de la palabra “pimo”). Sin embargo, al mezclar el orden de las palabras, la última sílaba de una palabra y la primera sílaba de la siguiente coincidían con mucha menos frecuencia, ya que “may” (la última sílaba de la palabra “timay”) podía ir seguida de cualquiera de las otras tres palabras en cualquier momento. Los resultados revelaron que, a pesar de que las palabras utilizadas eran inventadas, los bebés pudieron seguir las regularidades estadísticas y segmentar las palabras del flujo del habla continua. Este estudio de investigación, junto con muchos otros (para leer un análisis, vea Romberg & Saffran, 2010), demuestran que los bebés tienen la capacidad de registrar las regularidades estadísticas de la lengua a la que están expuestos y que esto los ayuda en las etapas iniciales de la adquisición de su lengua materna.

    Hoy en día, hay mucha información que documenta la capacidad de aprendizaje estadístico de los bebés y niños pequeños (Saffran, 2020; Saffran & Kirkham, 2018). La capacidad de detectar regularidades estadísticas visuales se ha documentado incluso en recién nacidos (Bulf et al., 2011). Investigadores han afirmado que el aprendizaje estadístico desempeña un papel fundamental en el aprendizaje de idiomas (Saffran, 2001, 2003). Estos estudios indican que, durante el primer año de adquisición del lenguaje, antes de que los niños empiecen a producir palabras, comienzan a aprender los patrones del lenguaje que escuchan, al registrar las combinaciones de sonidos que corresponden a posibles palabras. Newman et al. (2006) descubrieron una conexión entre la capacidad de los bebés para segmentar el flujo del habla en palabras y el dominio del lenguaje a los 24 meses e incluso más tarde en la infancia, entre los 4 y los 6 años. Además, cada vez hay más pruebas que demuestran que en el aprendizaje estadístico se emplean las mismas áreas cerebrales que en el procesamiento del lenguaje (de Vries et al., 2011; Folia et al., 2011; Petersson et al., 2012). [3] [4]

    Referencias y Fuente de Figuras

    [1] Barry, R. A., Graf Estes, K., & Rivera, S. M. (2015). Domain general learning: Infants use social and non-social cues when learning object statistics. Frontiers in Psychology, 6, 551. CC by 4.0.

    [2] Imagen adaptada de Barry, R. A., Graf Estes, K., & Rivera, S. M. (2015). Domain general learning: Infants use social and non- social cues when learning object statistics. Frontiers in Psychology, 6, 551. CC by 4.0.

    [3] Ellis, E. M., Borovsky, A., Elman, J. L., & Evans, J. L. (2021). Toddlers’ Ability to Leverage Statistical Information to Support Word Learning. Frontiers in Psychology, 12, 641. CC by 4.0. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2021.600694/full

    [4] Arciuli, J., & Torkildsen, J. V. K. (2012). Advancing our understanding of the link between statistical learning and language acquisition: The need for longitudinal data. Frontiers in psychology, 3, 324. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2012.00324/full#h9


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